Mi primera maratón

18 Jul

No sabía por dónde empezar la crónica de mi primera maratón; pensaba empezarla con el maravilloso regalo que mis amigos Isa, Cesar y Lidia me hicieron a principios de julio, cuando viendo lo mucho que me gustaba correr decidieron hacerme ese estupendo regalo de cumpleaños. Pero igual podía empezarla con todo lo que viví hace un año, en la Maraton de Barcelona del 2011 en donde estuve de voluntario en el avituallamiento de corredors.cat, un fantástico grupo humano que no dejaban pasar una oportunidad de decirme que del año siguiente no podía pasar mi debut maratoniano. Sin duda los correcats tienen mucha culpa de la buena, como también tienen mucha culpa las historias de superación personal que de joven leí; historias protagonizadas por Dorando Pietri, Emil Zatopek o Abebe Bikila, todos grandes corredores.

Empecé a entrenar para la maratón a mediados de diciembre, por suerte, ya que un buen entrenamiento es la clave para aguantar los 42 kilómetros de una maratón, o al menos eso es lo que no me canso de oír. Digo por suerte ya que primero una contractura muscular, debida quizás a entrenar más de la cuenta o a demasiado ritmo, y luego una micro rotura en Sant Antoni achacable únicamente a mis ansias de correr (y es que muchas veces me pueden más las ganas que el sentido común). Una visita al fisio y al traumatólogo hace que me ordenen reposo en pleno entrenamiento de la maratón. Y yo sufriendo. Casi tres semanas después, sobre el 10 de febrero llega el momento de ver si aguanto 20 kilómetros. Ya estaba apuntado a la mitja de Gavà y con todas las precauciones del mundo (pantorrilleras para esos gemelos problemáticos incluidas) la corro. La media más lenta de mi vida de corredor popular pero la que más alegre me deja hasta la fecha. Ni una molestia. Usando el símil futbolístico, cada entreno (por cada partido), es una final para mi. Ver si mis gemelos aguantan… El 19 de Febrero una tirada larga de 24 Km. Perfecto. Decido bajar los entrenamientos semanales a 4. Y nada de series que me fuercen la musculatura. Se acerca la Maratest, el test definitivo. Aunque ya debería haber hecho alguna tirada de 30 kilómetros por los problemas que he tenido no he podido, así que será la primera vez que me enfrente a esa distancia. Me he sentido tan bien esas semanas que ese día acabo más rápido de lo que debía pero compruebo que las molestias y el riesgo ya no están ahí. Sigo teniendo mucho respeto a la maratón pero el miedo a no poder correrla ha desaparecido.

Unos últimos entrenamientos, los últimos consejos de un gran entrenador y mejor amigo, Víctor aka Barceruel, y ya llega la maratón. Los consejos no pude seguirlos, él ya sabe que a veces se me va la cabeza y que seguir ritmos no es lo mio. Pero me ha enseñado que tener cabeza, y buena preparación, es lo mejor de todo, sobretodo en un maratón. Y eso lo he tenido claro desde el primer momento.

La maratón. Tienes que ir preparado, físicamente, mentalmente, y en eso me ayudo mucho todo el gran grupo de corredors.cat y sobretodo mi estupendísima novia y una amiga que confabularon con muchos amigos para irme a animar y que estuvieron allí desde primera hora del Domingo para animarme. Uno no puede ponerse nervioso si tiene allí a su novia que ha venido expresamente de Sevilla para verte y a una amiga que no tiene nada mejor que hacer a las 7 y pico de la mañana que ir a animarte. La verdad es que estaba flotando en ese momento. ¿Nervios, qué nervios?

Flotaba tanto que casi no entro en mi cajón, de hecho entré al final de todo del cajón de 3h30min. – 4h00min, salto de valla de casi 2 metros y pico incluida… Mi ritmo teórico era para hacer 3h30min (un ritmo de 5 minutos por kilómetro), y el hecho de salir de los últimos del cajón me permitió saludar a gran cantidad de correcats sobretodo en los 15 primeros kilómetros de carrera. Como no quiero dejarme a nadie prefiero no mencionar a nadie, pero fue un placer poder cruzar unas palabras con casi todos ellos, es sin duda una de las grandes experiencias de una maratón.

Al pasar por el kilómetro 5 ya vi que iba bastante bien ya que, regulándome todo lo que podía, sin proponérmelo, clavé los 25 minutos en pendiente de subida desde Pza. España a Diagonal y el campo del Barça. Víctor ya me había dicho que era mejor perder un par de minutos en la subida a la Diagonal, y por eso me regulé, pero mi cuerpo debía sentirse muy bien. La bajada la hice tranquilo pero el hecho de ser en bajada pues hizo que ganase 1 minuto 24 sobre los 25. Y eso que hice toda la curva de la Av. Madrid con Sants porque la cara que se me quedó cuando ni uno solo de los que iba conmigo seguía la linea azul debió ser de foto. Poco después me crucé con mi coach Barceruel, que había salido del primer cajón como guía de un chico ciego, un ejemplo que ojalá algún día pueda seguir. Seguí mi carrera, intentando regularme, pero me costó su tiempo. Cuando llegué al kilómetro 15 y viendo que seguía yendo por debajo de 24 minutos los cinco kilómetro puse el freno que ya sabía que al final lo acabaría pagando. Al llegar a la Meridiana me encontré con mis supporters particulares, Enric, XAS y las presis del club de fans Isa y Andrea. Me dieron ánimos y nuevas energías; me hicieron mucha falta en todo lo que quedaba de carrera.

En el avituallamiento de Concepción Arenal cogí un gel de los que proveía la organización ya que antes del kilómetro uno de carrera ya se me había caído uno de los que llevaba (todo un récord me da a mí). Justo después de coger el gel, en la misma calle, una mujer decidió que seguía yendo muy rápido y se propuso cruzar la calle con la marabunta de corredores pasando, un avituallamiento en peor sitio imposible y una calle de un solo carril.  El resultado fue un choque, por suerte, para mi, ella se llevó el pisotón, y no yo.

Poco después empezaba la segunda mitad de la maratón. Y llegaba el calor, que por suerte era relativamente seco. Iba bien hidratado (no había avituallamiento que me saltase) así que seguía bien de ritmo. Todos los segmentos de 5 kilómetros por debajo de 25 minutos, pero no demasiado, sin forzar, tanto daba lo bien que me sintiese. Justo antes del kilómetro 25, sabiendo que llegaba un avituallamiento me tomé el primer gel. No es que fuese espeso, es que parecía compota. Me costó digerirlo pero con agua y paciencia todo entra. Aunque me noté raro el estomago así que no me tomé ninguno más para evitar males mayores. En esa zona parece que hice un cambio de fase y mi grupo de supporters dejó de verme ya que aunque estaban en sitios muy concretos como la zona de Glorias y su Edificio Fálico o El Arc del Trionf, nadie supo verme…

Llegué al kilómetro 30 con las piernas cargadas, pero bien de fuerzas. Le tenía mucho respeto al Litoral, eran los kilómetros más duros de la maratón según todos los que la habían corrido, una zona con menos gente a priori que en otras, con más cansancio acumulado con y el sol prestándonos una atención completamente inmerecida. Pero aunque el sol no defraudó la gente tampoco lo hizo y quizás igual gracias a la campaña AJUDAN’S A SUPERAR EL MUR el litoral estaba lleno de gente; muchas gracias a todos, por bajar ex profeso allí. Perque sou els millors. Fue unna de las muchas muestras de espíritu de ayuda al prójimo y de confratenización que se puede ver en la maratón.

Los kilómetros empezaban a pesar y me notaba más pesado pero conseguí aguantar hasta el 35. De alguna forma, quizás por pensar que ya no quedaba nada, quizás recordando las palabras de Víctor de que la carrera de verdad empezaba en el 30, engañándome a mí mismo de que llevaba muy poco corriendo de verdad… No sé cómo pero conseguir hacer los km. 30 a 35 en 24:44… A partir del 35 ya no tenía piernas, tenía dos troncos en su lugar, pero a base de no dejar pasar un solo avituallamiento, beber como un descosido y ver toda la gente que animaba, pasar por debajo del Arc del Trionf y sobretodo esperar y ver a todos esos correcats animando en el AVITUALLAMIENTO, en mayúsculas, de la Catedral me permitieron seguir dándolo todo y avanzar todo lo que podía. Llegué al kilómetro 40. Miré el reloj. 25Min.40Seg. Solo había perdido 40 segundos y me quedaba nada, la prueba final, y menuda prueba, porque si la Maratón en sí causa respeto, el Paralelo no se le queda atrás, sobretodo el tramo final. Me quedaban 2 Kilómetros, 195 metros. Pero ahí al fondo se veía la fuenta de Pza. España y aún me quedaba esas pequeñas reservas de fuerzas. En mitad del paralelo  recibí ánimos correcats. Llego muy bien al carrer Lleida, no queda nada y lo doy todo, empiezo a oír al speaker y a escuchar la música aunque lo único que veo son los arcos de llegada y al trazar la curva, el cronómetro oficial. Consulto mi cronometro, marca 3 horas 27. Sabia desde el kilómetro 35 que podía hacer menos 3 horas 30 pero me sorprende ver que rebajar en más de dos minutos lo que tenía previsto, una marca que ya me parecía muy atrevida. Lo doy todo en los metros que quedan y paso la meta en 3h27min26seg… Busco con la mirada a alguien que conozca, pero no veo a nadie. Pienso que quiero compartir mi alegría con alguien, sobretodo con mi cari, pero eso no pasará hasta mucho después, cuando me encuentran. Pero me encuentro varios compañeros correcats, algunos principiantes como yo en maratón, nos felicitamos por la primera maratón. Ni siquiera pregunto cuanto han hecho, no es lo importante, no en este momento, no al menos para mi. Soy maratoniano, he hecho un tiempo del que me puedo sentir orgulloso pero de lo que más orgulloso me puedo sentir es de que he acabado mi primera maratón. He tardado casi 39 años en correr una pero ya lo he hecho, como Dorando Pietri, Emil Zatopek, Abebe Bikila, tantos y tantos Correcats y tantos y tantos corredores populares, de 20, de 40, de 60 o más años, que demuestran que querer es poder.

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